Zidane

Quizás por eso la decimotercera resultó si cabe el gran trofeo de Zinedine Zidane al frente del Real Madrid, y el que más le enaltece como entrenador. La preocupación anímica del vestuario era un tema difícil de abordar, pero lo más complicado era tomar decisiones desde lo táctico para ganar la Copa de Europa estando inmerso en una dinámica tan negativa. Y ahí asumió varias que fueron clave. La primera fue el binomio Lucas Vázquez – Asensio, que le alejaba mucho de su idea inicial -básica para controlar- prácticamente como titulares. El equipo blanco pasó en ese momento a defender mejor ambas bandas, básico al no poder asentarse bien en campo rival con pelota, y a activar mejor a un Cristiano Ronaldo que sin que el equipo fluyera con el cuero, no conseguía encontrar zonas de remate limpias. Los dos extremos agilizaron las recepciones por banda y sirvieron más y mejores balones al portugués. Fue una forma de ganar cuando parecía que levantar otra Copa de Europa era una quimera.
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La segunda apuesta, más complicada si cabe por el ruido exterior, fue Karim Benzema. El francés dejó claro en la final contra el Liverpool que su perfil, tan genuino dentro de la plantilla, era para Zidane una vía de control a la que no podía renunciar, aunque eso dejase su imagen tocada de puertas para fuera. Y, por supuesto, la figura de Keylor Navas, que aún sin poder medir el impacto de la confianza del técnico galo en su rendimiento, indiscutiblemente encontró un contexto lo más favorable posible después de haber tenido dos errores importantes ante Juventus y Bayern de Múnich. Lo que mostró el técnico galo en los últimos meses fue un conocimiento concreto de las dinámicas de un equipo y de cómo saber focalizarlas en algo positivo a pesar de que ello supusiera un problema para el día a día, como quedó claro con el mal rendimiento que tuvo el Real Madrid en la última edición de la liga española, indiscutiblemente insuficiente. Quizás fruto de la bajada de nivel de la plantilla con respecto al curso 16/17, o quizás motivado por esa búsqueda de versatilidad para no perder una sola eliminatoria en tres temporadas de Liga de Campeones, pero la realidad es que Zidane bajó del cielo un balón que se convirtió en la novena Champions blanca, y lo devolvió a las nubes en forma de trece conquistas. Un mesías para el Real Madrid que, sin lugar a la duda, merece un reconocimiento histórico.
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Su llegada fue importantísima porque los jugadores, miembros todos de la mejor plantilla del mundo, estaban en dinámica negativa y sin confianza. La recuperó, e incluso comenzó apostando por un plan más adociativo y propositivo que el de Ancelotti. Duró poco, y lo que parecía un plan de circunstancias con la CMK se extendió en el tiempo entre lesiones y la negación/impodobilidad de recuperar a James. A partir de ahí, lo que todos sabemos.
maravillosa gestión de la mayoría de los jugadores (excepto los más jóvenes este año y algún que otro caso como Isco hasta la lesión de Bale), bases tácticas muy sencillas y, por tanto, fáciles de cambiar y una misma idea de gusto por el trato del balón que se mantenía incluso cuando.